Tres días en el Maullín: un relato de manglares, salmones y truchas

“Maullín 17 al 19 de Octubre”, este fue el título de la historia por muchos meses. Siempre presente ahí, latente. Para mí era el inicio de la temporada de pesca y el programa era “Full Sea Run”, con Marcelo Wilhelm, orientado a buscar las farios anádromas plateadas del río Maullín. Un panorama muy exótico para un mosquero penquista, que confirmamos anticipadamente en Mayo, así es que fueron cinco meses de investigación, desarrollo de patrones y por supuesto nuevas “necesidades” de equipo que surgen… ¡Ustedes saben, hay que equiparse!

Comenzó de inmediato un grupo de “Whatsapp” con los integrantes del viaje, Rodrigo, Mario, Jenaro, Ignacio L., Ignacio G., Cristóbal y quien escribe, intercambiando ideas. Todos se conocían de distintas salidas de pesca previas, aunque yo conocía sólo a “Princetóbal”. Sin embargo en todos estuvo siempre el mejor de los ánimos, parecido al de una reunión de ex alumnos o conocidos de siempre, un punto de partida que sólo puede derivar en buenos resultados.

Marcelo nos dijo desde el primer día que el tiempo pasaría muy rápido y que no nos daríamos ni cuenta cuando llegara el 16 de Octubre. ¡La verdad es que estuvo equivocadísimo! Tardó mucho en llegar, muchísimo, pero sirvió. En mi caso agregué algunas cosas “absolutamente necesarias” a mi equipo, compré materiales y me dispuse a atar varios patrones elegidos de la web, de aquellos típicos listados como “los 35 mejores streamers que no pueden faltar en tu caja” o “los 10 mejores patrones para truchas anádromas”. Así fui leyendo artículos y reportes hasta que la fecha se acercó y decidí comenzar a trabajar en el atado de moscas, aunque con mucha parsimonia ya que quedaba tiempo: una “woolly”, otra el fin de semana siguiente… Estaba en eso cuando el resto del grupo empezó a postear el arsenal que estaban preparando. ¡Cajas enteras destinadas solo a este viaje! Moscas inmensas, colores intensos, grandes cantidades a granel y en todo tipo de numeraciones me llevaron a apurar mi producción y contactar a un amigo que ata muy bien. Él me colaboró con 15 streamers que ayudaron a llenar un poco más las cajas. Personalmente encontraba que la cantidad estaba bien, pues nunca he perdido muchas moscas, así es que las nuevas más el inventario previamente existente bastarían.

Mucho antes de partir los equipajes estaban listos, así es que el 16 solo tuve que cargar el equipo, la mochila con ropa y salir. Siempre pongo un horario de partida relativamente anticipado, porque los imprevistos habitualmente hacen que esta se posponga, sin embargo ese día fue llegar y partir, así es que mi viaje de 8 horas comenzó bien. Escogí Concepción – Puerto Varas en ruta alternativa para conocer y no aburrirme, tratando de coincidir en mi hora de llegada con el resto del grupo que volaba desde Santiago a Pto. Montt. Resultado: nos juntamos con Marcelo, familia y los demás en la entrada del Wild River Lodge. ¡Tremendo timing!

Saludé a todos, presentándome como ameritaba la ocasión, bajamos los equipajes y nos repartimos en las cabañas. En este momento se nos unió Rodrigo (alias “el Huevo”), notable personaje que conocí en otra aventura de pesca hace un tiempo atrás, gran mosquero y un experto en “woolies”, tanto secas como hundidas. Con esta última incorporación, el equipo estaba listo.

Tras un rico y conversado asado, continuamos con un ameno ágape para intercambiar ideas y puntos de vista. El tema de las “sea runs” estaba un poco apagado, no se había visto ni “pillado” ejemplar alguno. Son esquivas estas truchas, pero el río está lleno de otros peces y siempre cabe la posibilidad de sacar un trofeo, por lo que en lo personal no me importó la escasa presencia de farios anádromas. Planificamos el próximo día en que me tocaría compartir bote con “Princetóbal”, gran personaje. Seguramente nos iría bien, considerando que nuestro guía Nicolás, a quien ya conocía, es muy preciso, calmado y con un enfoque en el pescador que me llenaba de confianza. Quedaba solamente poner la performance individual y ahí no podíamos “guatear”… Tres días de pesca, tres veces el 1° tramo del Maullín. La mesa estaba servida.

La siguiente mañana partió a primera hora un bote con Mario y Jenaro, luego otro con ambos Ignacios y finalmente nosotros. Comenzamos bien, pero pronto se puso lento el pique. Muy técnico el río, o tal vez selectivas las truchas, quién sabe…  Propuse irme pescando en la parte trasera del bote: pinché 4 y mi compañero 8, incluyendo dos buenas arcoíris. Una de ellas gorda, tipo torpedo, rondando los dos kilitos al sensor ocular y muy peleadora. La caña #7 se doblaba y movía cuando esta pelota medicinal con aletas tomaba vuelo.

A los otros botes les fue algo mejor: el segundo 2 farios grandes, además de otras truchas, y un par de salmones salar bonitos para el tercer bote, de Jenaro y Mario.

Nosotros quedamos con gusto a poco. Llegamos tarde y el resto estaba esperándonos para cenar, mientras un par disfrutaba de la tina de agua caliente a orillas del río. Ese día no hubo mucho ánimo de celebración.

El segundo día fuimos los primeros en entrar al agua y esta vez conmigo en la proa. Tuvimos muchos piques, partí perdiendo una fario linda que quedó en el fondo del río y lamentando varias tomadas sin materializar. Mi compañero pinchaba y recogía, cerrando la ficha con unas 10. Por mi parte 3… Si fuera fútbol, me mandaban a préstamo a un club de quinta división. Para rematar la mala suerte, mi partner golpea su caña con una mosca lastrada y poco más abajo se quiebra en una acción sin peligro aparente. La nube negra ya se instalaba…

El segundo bote llegó nuevamente con fotos de farios lindas y el tercero, que bajó con un solo pescador, también repitió con arcoiris y salares.

A medio camino vimos a Marcelo haciendo un tour especial, remontando el río a motor y probando suerte con Mario y el “Huevo”. Los vi muy ocupados pescando con secas y equipos #3, aunque coronaron el día con un salmón salar de buen tamaño pescado con streamer.

Comentario aparte merece el ejemplar de Percichthys (perca) que sacó Mario, tanto en tamaño como en robustez, demostrando su habilidad para obtener regularmente capturas “exóticas” sin importar el destino de turno.

 

 

Mi desempeño personal no me tenía conforme y a última hora del día se deja caer una lluvia torrencial, poniendo signos de interrogación a la tercera y última jornada. Tras ella, además, todos teníamos que viajar de vuelta, lo que nos exigía partir más temprano para salir del río a una hora prudente.

 

La mañana arranca con un pan de molde muy rico, hecho en casa, que ataqué sin piedad y mi compañero de bote anunciándome que no va. Al parecer quería probar el tour alternativo en lancha, remontando el río con Marcelo. Yo, en cambio, solo quería repetir el mismo tramo y que me fuera bien. Con ese objetivo en mente me preparé, nos subimos al auto y partimos a los botes. Llovía aún intensamente y al entrar al río le pedí a Nicolás que me diera todas las indicaciones que quisiera, incluyendo dónde lanzar. Yo trataría de hacer el resto.

 

Cambié la línea de una sink tip 200 a una Outbound de 240 y hundimiento más rápido. Partimos con dos enganches en árboles e igual número de pancoritas perdidas… Puse la tercera y de inmediato clavo una fario de 800 gramos aproximadamente. Seguimos avanzando, otro pique más y luego se puso floja la cosa, hasta que dimos con una mosca que tuvo resultados inmediatos. Los piques siguieron, “a la mano” llegaron muchas y de todos los portes. Otras se fueron debido a un problema entre la caña y el wader… Cerca de medio trayecto, en una corredera como cualquier otra y sin previo aviso, un pique firme y un carrerón violento nos indican que “pillamos” algo importante. Era una arcoíris de buen tamaño que se propuso dar una tremenda pelea, mientras Nicolás amarró el bote a una rama en la mitad del río para poder pelearla tranquilamente. Luego de varios saltos en que pensábamos que se soltaba, y alrededor de 20 minutos después, cae en el chinguillo. ¡La guinda de un día lleno de acción con escamas! La foto de rigor, una más por si sale mala la primera y al agua.

 

 

Todo lo opuesto a los días anteriores. De ahí en adelante donde decía Nicolás caía la mosca y picaba: rápidos, pozones profundos, remolinos, la verdad muy entretenido hasta que terminó. Poco antes del lodge enganché la última, quizás a modo de despedida…  A la mosca le pusimos “GPS” y simula un alevín muy bien.

 

Fue así como, después de 7 horas y media, la última jornada había finalizado y comenzamos la rutina de hacer los bolsos,  despedirse de todos y comenzar el festival de peajes hasta llegar a Concepción y a mi familia. En el camino ya pensaba en el lunes que se venía en el trabajo, pero con los recuerdos de este río y de Wild River Lodge y su gente que hizo todo para que fuera inolvidable.

 

Guillermo Petermann S.

“El Bagual”

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