Flotando un pequeño paraíso

Que Chile está repleto de lugares prácticamente vírgenes, o muy poco frecuentados, para practicar la pesca con mosca no es ningún secreto, menos aún en la región de Los Lagos. Personalmente siempre me ha interesado descubrir y visitar nuevos escenarios para disfrutar nuestro vicio, lo que actualmente se facilita enormemente con las herramientas tecnológicas que tenemos a disposición.
En este caso, el lugar estaba en carpeta desde hace un par de temporadas y, por una u otra razón, no había conseguido organizar una visita hasta el pasado mes de diciembre. Bastaron un par de llamadas y mensajes con Rodrigo (o “huevo” para los amigos), quien vive en Puerto Varas, para tener todo organizado y dispuesto para la aventura.

Desde dicha ciudad debimos desplazarnos unas 2 horas en camioneta, otra en bote y varios kilómetros supuestamente a pie. Digo supuestamente porque no alcanzamos a recorrer mucho antes de darnos cuenta que, cargados con float tube, pontón, carpa, equipos y otros, la tarea se tornaba prácticamente imposible. Afortunadamente el destino puso en nuestro camino un lugareño con una especie de tractor muy particular, que en una media hora nos tenía armando campamento en la orilla de la laguna, junto al nacimiento del río que la desagua ¡Lo habíamos logrado!

Tras armar carpa, pontón, float tube y equipos en tiempo record, ya estábamos listos para entrar al agua. Decidimos comenzar con líneas de flote y “chalas”, denominación que reciben las grandes moscas secas de goma eva que imitan insectos terrestres. Rodrigo aún no terminaba de subirse a su flotador cuando una linda arcoiris ya había subido a tomar mi “Fat Albert”, que segundos antes había depositado entre los juncos de la orilla. Fue la tónica del día, con muchísimas tomadas en superficie que hicieron trabajar nuestros carretes y nos brindaron un verdadero festín. Los tamaños eran muy parejos y las mejores tallas, sin excepción, fueron truchas fario o marrón. Tuvimos también buenos resultados con ninfas de Odonata (Damsel) y ninfas clásicas en “dropper” bajo la mosca seca. Definitivamente una extraordinaria jornada, que nos mantuvo en el agua hasta el anochecer e hizo olvidar la lluvia y el frío que de tanto en tanto nos castigaba.

Al día siguiente decidimos pescar toda la orilla hasta llegar flotando al otro extremo de la laguna, donde recibe las aguas de un afluente. La pesca estuvo activa durante todo el día, tanto con secas como con streamers, entregándonos muy buenas truchas fario y arcoiris. Tuvimos oportunidad de probar vadeando en el río y la desembocadura, como también flotando las orillas y buscando las truchas entre los juncos, troncos semi hundidos y contra grandes paredones de roca. Un auténtico paraíso con toda la estructura y variedad de pesca que una laguna puede ofrecer, sumado al muy buen ejercicio que representa el patalear y/o remar de un extremo al otro, de ida y regreso. El clima también acompañó y la lluvia matinal poco a poco fue cediendo hasta dar paso al sol… ¡Inmejorable!

Pero esto no fue todo, pues luego de desarmar campamento decidimos bajar flotando el río que nace de la laguna. El paisaje es alucinante, con orillas prácticamente inaccesibles producto de la espesa vegetación, aguas relativamente lentas y muchos refugios ideales para grandes marrones, como ramas y troncos. Curiosamente no teníamos pique, pero la belleza escénica era de tal magnitud que poco y nada importaba, aunque siempre quedaba la impresión de que en cualquier momento podía “estallar la bomba”. ¡Y así fue! Tras una arcoiris de tamaño medio vinieron 2 hermosas farios, una para cada uno, que brindaron una pelea excepcional ayudadas por la corriente del río. Pasaron varias horas, luego de salir del agua, antes que pudiéramos disimular la sonrisa de nuestros rostros. ¿Vuelvo? No cabe duda.

 

Cristóbal Tapia Chamy
Staff www.chilecast.cl

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