Río Mendoza en invierno

Existen varios lugares en Argentina, específicamente en la provincia de Mendoza, donde la temporada de pesca de salmónidos  se mantiene abierta durante los meses de invierno. Uno de ellos es el río Mendoza, en el cual se permite la pesca con devolución obligatoria durante todo el año, a excepción del tramo ubicado aguas arriba del embalse Potrerillos, que está habilitado sólo hasta el 17 de Agosto de acuerdo al reglamento para el año 2010.

 

Con estos antecedentes, sumados al conveniente precio de los pasajes aéreos y a tener un amigo en Mendoza, igualmente fanático y dispuesto a oficiarlas como guía, era cosa de tiempo antes de dejarse caer al otro lado de la cordillera durante el invierno. Tras convencer sin mayor esfuerzo a Guillermo, quien viajó desde Concepción, volamos a nuestro destino a fines de Julio. Allá nos esperaba Aníbal, quien ya había comprado los respectivos permisos de pesca y nos recibía con un sabroso asado el viernes en la noche, que nos dejó con energías suficientes para enfrentar el primer día de pesca invernal.

 

El lugar escogido para comenzar la aventura fue Uspallata, sector ubicado aguas arriba del dique Potrerillos, al que nos acompañaron Charly y Javier, dos amigos de Aníbal que tuvimos el gusto de conocer la noche anterior. Había expectativas, ya que este tramo del río generalmente se presenta turbio a partir de primavera, por los deshielos, y está habilitado sólo hasta mediados de Agosto, por lo que se puede pescar con aguas relativamente claras durante apenas un par de meses en invierno… ¡y esta era la oportunidad!

El río se presentaba bastante caudaloso y el agua no estaba totalmente clara, aunque perfectamente abordable. Considerando lo anterior, más la baja temperatura y la opinión de los locales, nos decidimos por líneas de hundimiento y streamers, la mayoría con equipos número 5. Probamos recorriendo un buen tramo aguas abajo, pero definitivamente la suerte no estuvo de nuestro lado: el agua a 0°C hacía difícil que alguna trucha se decidiera a atacar nuestras imitaciones. Decidimos hacer un alto para comer un sandwich, acompañado de un buen mate, momento en que nuestros “guías” optaron por abortar la misión para dirigirnos a otro sector.

 

Eran cerca de las 5 PM del sábado cuando llegamos a Cacheuta, lugar más cercano a la ciudad y conocido por sus baños termales. Aquí el río se transforma en un estero cristalino de mucho menor caudal, pues el agua es desviada de su curso original más arriba y devuelta por grandes turbinas otros tantos kilómetros más abajo. Ante el nuevo escenario cambiamos a equipos más livianos, con líneas de flote y pequeñas ninfas. En poco tiempo Charly se anotaba varias capturas y al final del día nadie se retiraba excento de acción, habiendo “pinchado” entre todos un buen número de pequeñas y batalladoras truchas arcoiris.

 

La noche mendocina es generosa, lo que obligó a comenzar la pesca dominical con un par de horas de retraso. Incluso hubo quienes derechamente debieron permanecer a la sombra durmiendo una reponedora siesta, por lo que sólo Aníbal y yo entramos al río. Nuevamente el lugar escogido fue Cacheuta, aunque un poco más arriba que el día anterior. Como en todo estero de aguas transparentes, la pesca es delicada y desafiante. Se requiere hacer buenas presentaciones a distancia para que las truchas no detecten nuestra presencia y se puede pescar tanto con ninfas como con emergentes, secas y pequeños streamers, dependiendo del momento y los gustos personales. Pese a que nadie se retiró “zapatero”, la tarde estuvo más bien lenta y sólo nos anotamos un par de capturas cada uno.

Para el lunes en la mañana nos habíamos reservado la parte baja del río, aquella más cercana a Mendoza y donde el caudal es bastante importante pues las turbinas ya han devuelto la totalidad del agua. La decisión unánime fue volver a equipos más pesados, con líneas de hundimiento y streamers que nos permitieran enfrentar de mejor manera las rápidas aguas, que pusieron a Guillermo prácticamente contra las cuerdas. Avanzamos río abajo probando suerte y mi primer pique llegó con una luchadora arcoiris de unos 300 gramos, una talla interesante en comparación a las que habíamos logrado engañar en Cacheuta.

Aníbal se lamentaba por un corte de tippet tras un violento pique en la corriente, mientras Guillermo seguía ofuscado por la velocidad del agua y la mañana transcurría sin mayor novedad. Luego de una buena caminata, por fin llegamos a un lugar donde el río hacía dos curvas y se formaban prometedores remansos. Nos repartimos rápidamente por las orillas y la suerte nuevamente estuvo de mi lado, con otra bonita arcoiris que me presentó enconada lucha tras morder mi clásica “wooly” verde. Luego de devolverla al agua en perfectas condiciones, después de la foto de rigor, nos dimos cuenta que ya era hora de caminar de vuelta al auto y partir al aeropuerto: era el ocaso de nuestro fin de semana de pesca con mosca invernal, aquel que nos dió un respiro en la larga espera para la apertura de temporada en Chile.

 

 

Cristóbal Tapia Chamy
Staff – www.chilecast.cl

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